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Medidas, aunque sean aproximadas
Un ancho de pared, el largo del ambiente y la altura del cielorraso ya alcanzan para leer proporciones y distribución. No hace falta un plano perfecto: con esos números se entiende si una isla entra, si el placard puede ser más profundo o si el paso hacia el patio queda cómodo.
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El uso real de cada ambiente
Contar qué pasa hoy en ese lugar cambia la propuesta. No es lo mismo un living que también es oficina que una cocina donde se cocina todos los días. Esa información orienta la carpintería a medida y la elección de materiales según el desgaste cotidiano.
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Qué se quiere cambiar y qué se conserva
Mencionar qué muebles quedan, qué aberturas no se tocan y qué prioridades hay ayuda a ordenar el alcance. Así el cómputo y la coordinación de oficios parten de una base realista y no de una reforma completa que quizás no era la intención.
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Una idea, aunque todavía sea borrosa
Una foto de referencia, un color que gusta o la intención de sumar luz natural sirven para abrir la conversación. El estudio trabaja con esa primera imagen mental y la ajusta al relevamiento del lugar, sin prometer resultados que el espacio no permite.